Interferencias

Social Credit System, bienvenidos a 1984

Cuando subimos contenido a las redes sociales, es común plantearse si esos datos serán revisados en un futuro por amigos, pareja, familia, o incluso que puedan ser juzgados por compañeros de trabajo, compañías de seguros, recursos humanos… Es innegable que las redes sociales tienen un fuerte impacto en nuestra forma de relacionarnos, y sin duda nuestras intervenciones digitales están directamente relacionadas con nuestra vida.

En los últimos años, una disciplina concreta de la informática, Big Data, ha ocupado la atención de muchos profesionales del sector, puesto que la gran cantidad de información que generamos tienen múltiples utilidades. Si bien el estudio de estos datos puede abrir muchas puertas a la innovación y la tecnología, como toda herramienta con potencial, tiene sus peligros. La recolección de datos masiva sin consentimiento de los individuos, así como los términos y condiciones difusos sobre el tratamiento de estos datos en algunas ocasiones, son un ejemplo del mal uso de esta tecnología.

Dentro de este grupo de uso indebido de Big Data, nos encontramos con SCS (Social Credit System), un modelo de ficción distópica llevada a la realidad. La idea de este sistema consiste en puntuar el nivel de civismo de tus “contactos” (bien pueden ser compañeros de trabajo, amigos, familiares u otros conocidos) y que éstos, a su vez, te puntúen. El objetivo de los puntos es acceder a ventajas fiscales, facilidades de visados, acceso a entrevistas de trabajo, chequeo “exprés” en aeropuertos y otras “recompensas” similares. Este sistema es una realidad que el gobierno Chino quiere instaurar como obligatorio a partir de 2020. Dicho gobierno argumentaba que el objetivo de dicho sistema es “permitir a aquellos dignos de confianza vagar a cualquier sitio bajo el cielo al mismo tiempo que complicarle cada paso a aquellos que estén desacreditados”. Aunque se describió en principio como una monitorización civil sobre cosas como el fraude al estado, cruzar indebidamente y similar, se pretende aumentar el rango de vigilancia incluso al tráfico de internet.

Actualmente existen pequeños modelos de está técnica, por ejemplo, en un barrio de Shangai hay un sistema mediante el cual se listan a los “vecinos ejemplares” cada semana basándose en su comportamiento. En contrapunto a la clara violación de la privacidad, se especula con la posibilidad de que este sistema fuera capaz de disminuir casos de corrupción en empresas y organismos, otro problema destacable en el país. Sin embargo esta posibilidad apenas es una solución, teniendo en cuenta los recursos y la intrusión necesarios para hacerlo realidad.

Ante una situación que se presenta tan extrema, cabe preguntarse hasta qué punto puede influir en la sociedad y en cada individuo un sistema radicalmente intrusivo, y preguntarse si de verdad algo así es funcional, o por el contrario (en caso de que llegue a hacerse realmente en 2020, como ha indicado el gobierno) generará un hastío de la población y una consecuente respuesta.

Paula